lunes, 10 de enero de 2011

Las aventuras de Lencho el marinero III

Los adioses se transforman. Algunos son contundentes. Irremediables. Otros son lentos, agónicos. Los más comúnes son rutinarios, mecánicos. Ni se sienten. Cordiales como un Buenos días al vecino que pasa y no sabes si vuelves a ver en 5 meses.

Lencho, en medio del mar, se despidió de sus amores. Dió las gracias por eventualmente dejarse querer. “Sé que soy muy difícil” pensó casi como disculpa. Se ha deshecho de los afectos y ha buscado a quien no lo quiere. Esa gran paradoja de los necios. Así es él. Quizá por eso prefiere la amplitud del mar. Y el sonido incesante de las olas. Y los boleros azotados por el desamor.

Recuerda las muchas veces que lo han intentado querer. Y todas en las que se alejó. Irracional. Cobarde. Incapaz de entender. Es su única disculpa. ¿Será sociópata? ¿Tendrá una incapacidad congénita de tener algún sentimiento por alguien? Tal vez, por eso le es más sencillo vivir el dolor. Una especie de sadomasoquista francamente extraviado. A ritmo de Agustín Lara… “Amor por ti bebí mi propio llanto, amor fuiste mi cruz mi perdición, es justa la revancha y seguimos engañando al corazón. “

Quien sabe. Quien sepa que le explique. Por lo pronto, Lencho, Lenchito, perdido en el barco, ya se olvidó de sus amores imposibles. Dejo de desearlos. De esperar. De creer que algún día. Ahora no sabe qué sigue. Supongo que no hay mucho que esperar. Ya no ahora que ya es tarde para todo.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Las aventuras del Lencho el Marinero (II)

Lencho se regresó al barco. Dejó tierra firme. Prefiere la soledad y los crujidos lúgubres de las columnas y filas interminables de los contenedores en medio del mar. La ciudad lo confundió. La última visita fue tempestuosa. Se fue más desubicado. Aún. Su febril desahogo amoroso finalizó una fantasía fugaz faltada de final feliz. Fue un fracaso fatídico su declaración a F. Fractura fatal en su corazón. Fin del camino del amor para Lencho.


- Por ahí no, pensó Lencho. Y decidió comprar una bicicleta: "A lo mejor me distrae", suspiró.


Con el corazón roto se lanzó a recorrer la ciudad. Se emocionó al saber que durante los últimos años cada vez más la bicicleta es usada como medio de transporte. Sólo que, pronto descubrió que si la ruta al corazón de F es un misterio, la lógica de las ciclovías en la muy noble y leal ciudad son caprichosas como el amor. Le sorpendió el inicio en el rumbo del cruce de Reforma y Circuito Interior. Y de manera inconstante llevan al centro. Aparecen y desaparecen los flamantes carriles. Su tramo preferido es el que corre frente a la Embajada Americana. "I love America" piensa cada que pasa. "¿Por qué no se encargan de toda la ciclovía?" Pero igual que su pasión por F fue brevísima, lo es el tramo a cargo de la embajada. A la ilusión del magnífico carril americano se opone la realidad de los carros, peatones y motociclistas que usurpan el carril.


Intentó recorrer las rutas abandonadas de la administración anterior, el resultado fue similar. Aparecen y desaparecen como su esperanza de encontrar el amor. Después de algunas semanas de intentar viajar por la ciudad en su bicicleta, al tiempo que esperaba respuesta de F, se dio por vencido. No sé bien si por el peligro que corría frente a los automovilistas. O por la tristeza que lo inundó. El silencio de F también contribuyó. Se convirtió nuevamente un en peatón… de corazón roto. Y solo la amplitud del mar podría ayudar a olvidar.

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿Avalancha o Naufragio?

Las aventuras de Lencho, el Marinero (1)




ESCUCHAMOS UN TELEFONO QUE SUENA. INICIA UNA CONVERSACION


- ... Lencho, el Marinero atacó de nuevo. Te tengo novedades.

- ¿Ahora qué hizo?

- Me habló la otra noche, muy de madrugada. No paraba. Estaba muy "jaipel", como dice Calle 13. - ¿Qué le pasó?

- Pues… un encuentro amoroso. Una embestida, más bien.

- ¿A quién le tocó ahora?

- A F.

- ¿Cuál F ? ¿F de Feo o F de Foco Fundido?

- F de Foco Fundido. F de Feo ya pasó. Fue en la vuelta pasada.

- ¿Cómo estuvo? No lo puedo creer ¡Ay, Lencho, que llegaste del mar!

- Resulta que nuestro Lencho, invita a F a comer. Súper normal. Un tequila, dos tequilas... tres tequilas... cuatro tequilas. Se les hizo de noche. Seguían platique y platique. Cinco tequilas, seis tequilas. Por ahí de las10 de la noche, se salen del restaurante, se van al parque por que Lencho quería caminar un poco. La plática estaba muy buena. Ni te imaginas lo que pasó.

Se recorrieron el parque varias veces. Cada vuelta llegaban a lugares menos iluminados hasta que llegaron a lo oscurito. Se sentaron tranquilamente en una banca y riájatelas… Lenchó cambia de tema, sin aviso alguno. Y como avalancha se le declara a F. En menos de 5 minutos le dice todo lo que lleva guardado a-ñ-o-s. Entre lo que le dijo fue: A)


¡Pues bien!, y necesito decirte que te adoro,
decirte que te quiero con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto, y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.

Que me caes perfecto. Que me gusta estar contigo. Que quiero estar interminables horas contigo.



o B)

Quiero morder tu carne,

salada y fuerte,

empezar por tus brazos hermosos

como ramas de ceibo,

seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños.




- La verdad, entre la hora en que hablamos y con la velocidad en que me contó a lo mejor me estoy confundiendo. Pero no dejó nada afuera. Declaración total.

- Ay, dios. ¿F qué contestó?

- No tuvo tiempo. Cuando Lencho hizo pausa para tomar aire, se lanzó a besarlo. Para rematar su argumento. Un beso grandioso. Un beso de película.

-¿Porno?

-¡N'hombre! como de Pedro Infante y Blanca Estela Pavón. Beso apasionado pero decente. Mientras echaban ojo que no les cayera la patrulla.

- ¿Y luego qué pasó?

- Cada quien se fue a su casa. Lencho me habló llegando. Desde entonces no ha vuelto a tener noticias de F. Capaz que corrió a refugiarse o se metió a un programa de testigos protegidos. No creo que aguante otro encuentro de ese calibre.

- Ay, Lencho. Su técnica de "avalancha de amor" no es la más adecuada. Declararse sin previo aviso o exploración previa es desastroso.

- La verdad sí. Yo creo que ya pronto se va de nuevo al barco.

- ¿No pidió 6 meses de descanso?

- Pues si pero prefiere irse a trabajar. Estar en tierra no le va.

- Oye, y ¿te puedo hacer una pregunta?

- ¿Qué pasó?

- ¿Ya hablaste con F? Sería bueno tener su punto de vista para tener la historia completa.




lunes, 6 de septiembre de 2010

¿La cama es para dormir?

Dormir es un asunto muy complicado. Aunque no me lo crean. De esto platicaba con la Bificápsula hace unos días. Le contaba de mi vecino que ya no duerme en su cama desde hace años. No sabe desde hace cuántos prefiere dormir en un sillón. Según la señora de la limpieza que compartimos, el colchón está nuevo aunque tiene más de 30 años. Lo compraron sus papás cuando todavía vivía con ellos. Tiene más de 20 años viviendo por su cuenta. Casi los mismos durmiendo en sillones. De respaldo alto, ancho y asiento profundo. Que lo arrope. Lo cobije. Como si estuviera en los brazos de su mamá.


La cama se convirtió en una pesadilla para Job, desde que era muy pequeño. Escuchaba todos los ruidos que poblaban la casa mientras todos dormían. Incluso, los escarceos amorosos de sus padres, los atestiguó. Los gatos en celo le produjeron angustias de película sueca. Cerrar los ojos para dormir era vivir El proyecto de la Bruja de Blair, cada noche. Un tiempo tuvo insomnios tremendos. Dormir más de 5 horas seguidas fue una ilusión posible gracias a cantidad de medicamentos. Se empastillaba para dormir, para despertar, para funcionar y hasta cuando quiso dejar de funcionar. Las pastillas no fueron remedio. Después descubrió que leyendo la noche era más llevadera. Si se arrullaba con temas complicados el sueño llegaba. Hasta que dejó de llegar y terminó un doctorado en física cuántica.

Evita dormir en casa ajena, pues debe ingeniárselas para dormir en un sillón. Preferentemente vestido. Me refiero a dormir con ropa de día, no vestido de mujer o alguna cosa similar. Sin zapatos, por que no le gusta ensuciar los muebles. Dormir acompañado es impensable ya que siempre que está acurrucado junto a alguien le llega la imagen de estar atrapado en una nave espacial que perdió las reservas de oxígeno. El aire le hace falta, despierta sobresaltado, jadeante, sofocado, ahogándose. Es responsable de más de un susto terrible de consecuencias funestas. De ahí que sea un hombre soltero.

La luz de su ventana siempre está encendida hasta tarde. Duerme pocas horas. No es difícil encontrármelo paseando a su perro a primera hora de la mañana. Probablemente con la ropa del día anterior. Que se cambiará más tarde. Después de su café y de bañarse. En una ocasión compartimos mesa en la fonda donde nos conocimos. Ahí me contó algunas de sus historias en la cama. O más bien lejos de ella.

Entre sus remedios para pasar la noche, intentó escuchar música. Acabó más angustiado. La duración de sus sesiones musicales era directamente proporcional a las horas no dormidas. Después de escuchar el Anillo del Nibelungo completa abandonó este método y odio a Wagner.

- La cama debe significar mucho para este hombre, dijo Bificápsula.

- Para mi también. La cama es un lugar temible. Es un momento en el que haces cuentas. Y cuando estás acompañado aún más. ¿Quién te garantiza que no estás durmiendo con el enemigo? Ya ves como le fue a Sansón por quedarse dormido con su adorada Dalila.

- Pues sí.
. A lo mejor por eso se me enfrían tanto los pies antes de dormir. No sé. A veces, enciendo la tele para no acordarme que hace mucho no estoy acompañado. El ruido distrae la soledad.
Jobcito mi vecino, la esconde en su sillón.

En fin, pidamos algo de beber por que tengo sed.



miércoles, 28 de julio de 2010

Lost and found

En el protocolo de las relaciones modernas hay un tema que siempre me ha intrigado: ¿Qué se hace con los objetos olvidados por algún prospecto amoroso? No me refiero al suéter abandonado en un encuentro casual, a unos pocos grados del anonimato? No. Supongamos que se trata de unos lentes. O cd's "favoritos" que fueron el soundtrack de algunos momentos en compañía del ex-candidato.

Durante algún tiempo tuve un cajón para "objetos olvidados", que incluyeros desde el clásico suéter prestado hasta los mencionados lentes. En la primer mudanza que hice en mi vida, cuando salí de casa de mis papás, cargué con los primeros recuerdos de amores sin prosperar. Algunos de los cuales tenían la promesa del "a ver cuándo nos vemos para devolverte tu chamarra", por ejemplo.

La colección creció junto con mi ganada independencia del hogar paterno directamente proporcional al número de candidatos que fueron cruzando por mi camino, por decir lo menos.
Al llegar mi siguiente mudanza, el cajón se convirtió en caja. No muy grande pero siempre con la incertidumbre de qué hacer con los objetos reunidos a lo largo de algunos años. Menos trofeos y más testimonios de posibilidades truncas, me parecía grosero tirarlos a la basura. Hacer un recorrido por diferentes domicilios para hacer la correspondiente devolución a su legítimo propietario tampoco fue alternativa. Rastrear a algunos de los dueños era prácticamente imposible. Ahí sí, la ganona era la señora de la limpieza en turno que recibía junto con su aguinaldo los bienes acumulados en la carrera sentimental.

Ahora, después de una muy breve esperanza de tres salidas, tengo sobre la mesa del comedor unos lentes. Ya avisé, recordé e insistí en el interés de devolverlos. Y, de verdad, no los quiero tirar o regalar. No son míos. La respuesta ha sido de total indiferencia. Supongo que es una cuestión budista del desapego que yo no quiero entender. Sin mencionar la fractura cardíaca adicional que siempre deja entender que esa posibilidad caducó. Los bonitos lentes "de marca" llevan 7 semanas acumulando polvo que les limpia la muchacha los días que viene a la casa.

Están por cumplirse dos meses del abandonados. Sólo me refiero a los lentes. No sé cuál es el criterio en los aeropuerto o en lugares públicos para guardar objetos olvidados. En mi caso, aplicaré el criterio de incluirlos en el kit de regalos para entregar a la mucama en el siguiente arcón del reciclado. En algún tiempo los olvidaré como su dueño nos olvidó.

miércoles, 2 de junio de 2010

Galleta de la fortuna

Me encontré al primo gringo de Bifi, el famoso Bee Fee. Es toda una personalidad. Sabe todo. Recomienda todo. Opina de todo. No hay tema que no haya sido evaluado y juzgado desde su punto de vista frívolo-intelectual. En los últimos meses, ha dedicado su tiempo a 3 temas inevitables en la relación MX/US: Arizona, las leyes de inmigrantes y el revuelo para la militarización de la frontera.

- Como sea, ya estoy acá. ¿Pero todos los que están allá? Son familia.




De Arizona dice: - Ahora ¿Ya se les olvidaron los básicos de la ley de la oferta y la demanda? Donde hay un consumidor, hay necesariamente un vendedor. ¿Ya hay venta sin compra? Y se acordó que tenía que ir al Walgreen's por "un remedio". Lo acompañé. Siempre es bueno ir a la Walgreen's.

En otro momento, aprovechó para opinar de las leyes de inmigración que se han discutido hasta el cansancio. Tampoco dijo mucho, mientras caminábamos viendo tiendas, comentó: Antes era más fácil: iban por negros a Africa o se agarraban de esclavos a los pueblos conquistados. Ahora es más burocrático el proceso: los gobiernos de países "en desarrollo" fabrican pobres que "se exportan solos". Cubren sus gastos de traslado y acaban mandando dinero a los países de donde salieron. Es un negocio redondo. Las leyes no van a cambiar, ni tampoco van a "desarrollarse" los países. Es la esclavitud siglo XXI, virtual. Los esclavos salen muy caros, un ilegal es baratísimo y produce mucho más." Y no tienes que darles de comer. ¿Vamos al cine? Hace mucho que no voy.

Y para terminar, de la militarización de la frontera US-MX. Si no ganan en Oriente

lunes, 24 de mayo de 2010

De visita a la peluquería o estética ambos sexos



Nunca a mi cabeza llegó navaja por que soy nazareno de Dios
desde el vientre de mi madre. Si fuera rapado, mi fuerza se apartará de mi y me
debilitaré y seré como todos los hombres.

Jueces 16:17







Tengo que irme a cortar el cabello. Otra vez. Esto no es motivo de sorpresa o de interés. Para millones de personas en el mundo si fuera Brad Pitt publicarían la nota en alguna revista "del corazón". Subastarían los mechones recortados. Estimo que 90% de los habitantes del planeta se corta el cabello. Si ya andamos sobre los 6 mil millones de personas, alrededor de 5 mil 400 millones de cabezas son lavadas, tijereteadas, secadas en el mundo, al menos una vez al mes.

Cortarse el cabello parece un asunto trivial. No lo es. Cada tijeretazo, cada mechón que cae al suelo, cada cepillada, representa ingresos para industrias multimillonarias, que van desde la del cuidado del cabello hasta la de artículos de limpieza para que se vea muy lucidor el local. Incluidos los ingresos de la pyme propietaria del local donde seamos objeto del servicio de corte.



"Ir al salón" puede ser una parte esencial de la rutina de millones de personas, incluida mi madre. No podía dejar de ir a "arreglarse". Durante muchos años fue al mismo lugar. Todos los martes o miércoles, además, de la obligada visita cuando tenía compromiso. Es la cita para "hacernos algo" para vernos mejor. Dejarnos concentir. Apapacharnos. Y es un acto de fe tan grande que en la biblia hay una historia relacionada con el corte de cabello. De la confianza que implica suponer que no vamos a ser degollados por el peluquero.

Como dice la Durcal en su canción... "Hay amores y amores". Mi relación con quienes se dedican a la noble profesión de cortar cabello refleja mis relaciones sentimentales. Algunos duraron mucho, otros fueron encuentros casuales sublimes como escultura de Miguel Angel. O desastrosos. Incluso "mi primera vez" (o una de ellas) fue en una estética. He recorrido tantas peluquerías, como encuentros carnales he tenido en mi vida. No vale la pena hacer la cuenta. Ni tratar de recordar. Si no volví fue por que no había razón para hacerlo (favor de leerlo en voz alta, con voz de película española de la era franquista).



Pero... como dicen los versos de la famosa Salsa Pedro Navajas la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Hace 30 días aproximadamente tuve uno de esos encuentros que me dejó ansioso de repetir el momento.


Descubrí a Chayito. Una mujer corta de estatura, 1.60 con suerte. Morena. Pelicorta. Con algún tratamiento capilar de resultados desastrosos o extraordinarios, según se le mire. Me topé con ella, al entrar a una "estética unixes" (cito textualmente). Un espacio de pocos metros cuadrados adaptado para cortar, pintar, peinar cabellos, hacer manicure- pedicure, dar masajes y consultas sentimentales. A ambos sexos. Sin distinciones.



En mi sesión de corte, el dueño-gerente abandonó el local. Dejándonos solos a Rosario y a mi. Salió para barrer la calle mientras un jovencito le platicó y sostuvo el recogedor. Durante 45 minutos pasaron la escoba por el mismo lugar, por las mismas hojas y la misma basura. Sorprendéntemente nunca llenaron el recogedor. Ni la bolsa de plástico cuyo propósito como bote de basura, simplemente no se cumplió.


Mientras tanto, Chayito y yo platicamos. Al principio el intercambio fue sobre cómo me iba a cortar el cabello y cómo lo uso. Los generales del corte. Después, entramos a temas más personales incluyendo su propia biografía: Oriunda del estado de Gueerrero llegó a la Capital, por que se aburría en su pueblo. No tenía nada que hacer. Aquí desde que llegó tiene trabajo. Y le gusta. Según sus propias palabras, ella es fea... pero segura: "Ahí como me ve, ya tengo 5 pedidas de mano. Y mis hermanas que son las bonitas están solteras... y desesperadas. Hombre que las voltea a ver, ya quieren que les pida matrimonio. Desde que llegué novios no me han faltado. Pero no tengo prisa. Prefiero ser amiga de los hombres. Conocerlos. Si son unos canijos, la verdad. Si andamos detrás de ellos, ni caso nos hacen Si no los pelamos, ahí andan.

Yo no les hago mucho caso ni los atosigo. Les dejó que solitos lleguén. No más es cosa de irlos dirigiendo. Que pienses que ellos llegaron solos. Luego ve unas re guapas que na'más 'tán esperando al hombre. Yo no. Yo me salgo con ellos. Me divierto y los dejo picados. Al fin ni me quiero casar, ¿para qué? Habiendo tanto hombre guapo. Mejor aprovecho. Ya después veré.

No abrí la boca, desde luego. Solo miraba a Chayito. Cortar y Platicar. Limpiar un poco y platicar. Cuando terminó sólo desee que no desaparezca como suele pasar. Quiero que me siga cortando. Quiero que me siga contando. Que siga platicando por que ella solita es
un capítulo completo de Sex and the City of Chilpancingo.